El premio Nobel ha galardonado este año un campo de estudio
que trata de comprender el comportamiento de la materia a escalas
microscópicas, donde no suelen aplicar las reglas del mundo con el que
estamos familiarizados y reinan las normas cuánticas. Según ha explicado
la organización del Nobel, en 1972, Kosterlitz y Thouless identificaron
un tipo de transición de fase completamente nueva en sistemas
bidimensionales en los que los defectos topológicos desempeñan un papel
fundamental. Estas teorías ayudan a entender el funcionamiento de
algunos tipos de imanes y de fluidos superconductores y superfluidos.
Estas teorías también han sido importantes para entender el
funcionamiento cuántico de sistemas unidimensionales a temperaturas muy
bajas.
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miércoles, 5 de octubre de 2016
Nobel Física 2016
jueves, 24 de marzo de 2016
Trenes flotantes

El problema es conseguir que un tren entero levite y permanezca estable. En principio, un imán levitará si lo acercamos a otro. Uno de neodimio de pocos gramos, por ejemplo, genera una fuerza de atracción de varios newtons entre polos opuestos o de repulsión entre polos iguales. Sin embargo, pronto descubriremos que el imán que debería flotar girará nada más soltarlo y se adherirá al que que debía repelerlo. Con independencia de la configuración elegida, la levitación con imanes permanentes (o electroimanes) es siempre inestable.
En cambio, la levitación de un imán sobre una plaqueta superconductora permanece estable ya que todo material superconductor impide que un campo magnético penetre en él, con lo que será siempre repelido independientemente de su orientación. Por desgracia, dado que la superconductividad a temperatura ambiente sigues siendo una quimera, no parece fácil construir una instalación de varios kilómetros de raíles superconductores.
No obstante, la materia en estado normal presenta otro tipo de repulsión, llamada diamagnética, por ejemplo el agua. Así fue como, en 1992, André Geim, hizo levitar agua, un pequeño tomate y hasta una rana viva en un campo magnético de 16 teslas.
(Extraído de Investigación y Ciencia, marzo 2015)
Ondas gravitacionales


El observatorio LIGO en EE UU ha conseguido detectar por
primera vez las ondulaciones en el tejido del espacio-tiempo, llamadas
ondas gravitacionales. El descubrimiento confirma una predicción de la
teoría de la relatividad de Einstein y abre una nueva vía para
investigar el universo. La primera onda gravitacional observada se llama
GW150914, y los científicos piensan que es fruto de la fusión de dos
agujeros negros.
Los rumores
se han confirmado. Por primera vez, los científicos han observado ondas
gravitacionales, ondulaciones del espacio-tiempo que han llegando a la
Tierra procedentes de un evento catastrófico en el distante universo. - Esto confirma una importante predicción de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein de 1915.
Los físicos han llegado
a la conclusión de que las ondas gravitacionales detectadas fueron
producidas durante la última fracción de segundo de la fusión de dos
agujeros negros para producir un solo agujero negro más masivo en
rotación. Esta colisión había sido predicha pero nunca antes se había
observado.
Las ondas gravitacionales son oscilaciones del espacio-tiempo
originadas en algunos de los fenómenos más violentos del cosmos, como
colisiones y fusiones de estrellas masivas compactas. Su existencia fue
predicha por Einstein en el año 1916, cuando demostró que los objetos
masivos acelerados debían distorsionar el espacio-tiempo en forma de
radiación gravitacional que se alejaba de la fuente.
Estas
oscilaciones viajan a través del universo a la velocidad de la luz,
llevando consigo información sobre sus orígenes, así como inestimables
pistas acerca de la naturaleza de la gravedad misma. Estas ondas
proporcionan datos sobre los sus dramáticos orígenes y sobre la
naturaleza de la gravedad que no puede obtenerse de otra manera.
miércoles, 7 de octubre de 2015
Nobel Física 2015 - Neutrinos
El japonés Takaaki Kajita y el canadiense Arthur McDonald
han recibido hoy el Premio Nobel de Física por el descubrimiento de la
oscilación de los neutrinos, lo que demuestra que estas partículas
tienen masa. El hallazgo de ambos físicos “ha cambiado nuestra
comprensión del funcionamiento más profundo de la materia y puede ser
crucial para nuestra visión del universo”.
Kajita trabaja en el experimento Super Kamiokande y está
afiliado a la Universidad de Tokio. McDonald está adscrito a la Queen’s
University de Canadá.
Los neutrinos han sido las partículas más misteriosas del
universo. Cada segundo, billones de ellos atraviesan nuestro cuerpo,
nuestras casas y el resto del planeta sin dejar rastro alguno, lo que
les ha valido el apodo de fantasmas. Parte de ellos se crean en la
atmósfera terrestre cuando incide en ella la radiación cósmica y otros
son producidos en reacciones nucleares dentro del Sol. Los únicos
lugares donde son visibles es en descomunales detectores instalados
debajo de montañas, en viejas minas y otros lugares naturalmente
protegidos contra cualquier tipo de interferencia por parte de otras
partículas más pesadas. Los neutrinos son tan rápidos y ligeros que se
pensaba que no tenían masa. Hasta los descubrimientos de McDonald y
Kajita, se calculaba que gran parte de ellos desaparecen sin explicación
posible.
En 1998, Kajita observó la oscilación de los neutrinos gracias al Super Kaiokande, una descomunal piscina con 50.000 toneladas de agua construida a un kilómetro bajo tierra en Japón..
En algunas raras ocasiones, cuando un neutrino atraviesa el agua,
interactúa con los electrones de este líquido lanzando un destello de
luz que permite estudiar su trayectoria y propiedades. Kajita se centró
en los neutrinos que llegan desde la atmósfera y observó que estos
oscilan entre dos estados o tipos diferentes. Por su parte, McDonald
trabajó a más de dos kilómetros bajo tierra, en una vieja mina de níquel
de Ontario (Canadá) reconvertida en el Observatorio de Neutrinos de
Sudbury. Gracias a esta instalación, en 2001 comprobó que los neutrinos
que se producen en el Sol no estaban desapareciendo en su camino hacia
la Tierra, sino que simplemente habían cambiado de tipo, oscilando entre
uno y otro igual que los neutrinos atmosféricos detectados en Japón.
Esta metamorfosis se da entre los tres tipos de neutrinos
conocidos y explica por qué dos tercios de todas estas partículas, que
deberían estar llegando a la Tierra según los cálculos teóricos, no
estaban siendo detectadas. Los descubrimientos de ambos físicos explican
que estas partículas no desaparecen, sino que oscilan entre tres
estados diferentes a los que los físicos llaman sabores y cuya dinámica
está regida por la mecánica cuántica.
Los descubrimientos de Kajita y McDonald implican que, a
pesar de su fantasmagórica presencia, los neutrinos tienen masa, al
contrario de lo que se había pensado durante décadas. Aún se ignora cuál
es su masa exacta, especialmenrte porque esta cambia cuando se produce
la metamorfosis. Más aún, el modelo estándar, que describe a la
perfección el mundo subatómico de la física de partículas y que incluye
el bosón de Higgs, se queda corto para explicar al neutrino. Según los
cálculos de este modelo, no debería tener masa. Por eso el trabajo de
McDonald y Kajita aporta uno de las mayores indicios de que hay una
nueva física en el universo que está por descubrir.
(Adaptado del El País Digital)
domingo, 22 de junio de 2014
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